Gestionar asuntos de casa, de trabajo y propios es una tarea monumental de la que no salir raspadas, aunque sea un poquito y de vez en cuando, es imposible. Por más que nuestra mente se empeñe en decirnos lo contrario.
Son demasiadas cosas por resolver de manera cotidiana y por mucho que hagamos listas, pongamos un recordatorio tras otro y planifiquemos a detalle los días, algo se nos termina barriendo: a veces son detallitos; otras, hasta sin luz nos quedamos.
A veces nos caemos medio mal por no recordarlo todo, sobre todo después de un día muy batido; otras, nos vanagloriamos de nuestra habilidad para hacer malabares y hasta usar la tecnología en beneficio de la cotidianidad nuestra de cada día. Por eso decimos que ser señora no es cosa fácil.
En esta entrega, una recopilación de algunos gajes del oficio señorial para reírnos un poquito.

No nos han contado: nos ha pasado
Pedirle a Alexa que nos recuerde apagar la estufa
Olvidar que hay algo en la estufa y recordarlo cuando ya huele raro o casi a quemado
Llamar a una gata por el nombre de la otra o al perro por el nombre de la hija y viceversa
Aunque se haga el súper por internet, invariablemente olvidar pedir algoDar por perdidas cosas que se traen puestas (gorra, reloj, lentes, etc)
Olvidar la verificación y pagar tenencias (Pitirijaz por eso mejor terminó vendiendo su coche)
Dejar la lista del súper en el comedor
Salir de casa y a los 5 minutos entrar en pánico por no estar segura de haber apagado la estufa (algunas veces, regresar para comprobarlo)
Confundir palabras y decir una cosa por otraIr al súper con lista escrupulosamente hecha en mano y no comprar todo lo incluidoAbrir un cajón (el refri, una alacena) y no tener ni la más remota idea de qué se iba a buscar
Nunca encontrar las llaves de la casa o del auto cuando más se les necesitaOlvidar las contraseñas de todo y resetearlas una y otra vez (solo para descubrir que la nueva que se está tecleando era la dichosa que no se recordaba)
Ponerse de malas cuando mueven las cosas en el súper
Torcer los ojos cada que el banco, un sitio web de servicios o una plataforma como el SAT cambia la maldita interfase y hay que volver a entenderle a TODO
Descubrir que Instagram no da chance de mandar audios de más de un minuto por vez después de haberte descosido grabando todo un podcast
Terminar mandando un sticker que tienes a la mano en un chat en vez del que querías porque nomás no das con él de tantos que tienes guardadosNo encontrar los lentes para ver por haberlos dejado en un lugar distinto al usual y porque no ves bien
Darte cuenta de que te faltan uno o dos ingredientes cruciales cuando ya tienes el guisado preparándose en la estufa
Usar distintos tipos de pasta porque es lo que queda en la alacenaDejar las bolsas reutilizables para el súper en casa y comprar otras en la caja (mismas que vuelves a olvidar en la siguiente ida)
Olvidar pagar la luzOlvidar que pagaste la luz y hablarle al marido para que lo haga de emergenciaAnotar lo que quieres que no se te olvide en un papelito que luego nomás no encuentras
Guardar muy bien algo para no perderlo y después no recordar dónde demonios era ese buen lugar de resguardoComprar dos o hasta tres veces algo que… ¡Ya tenías!
Hacer una maleta con total anticipación y olvidar lo más indispensable, como el desodorante, las chanclas de baño, etc.
Jurar que sí completas un pago con tooodas las monedas que traes en el monedero y después de sacarlas y contarlas (enloqueciendo a los de atrás de la fila), darte cuenta de que en realidad no lo completas
Pelearte con el cajero en voz alta porque no te deja terminar una operación aparentemente sencilla (@monmargo lo ilustró en esta viñeta)
Encontrar lo que tanto andabas buscando cuando ya no lo necesitasLa lista podría ser infinita… Cuéntenos, ¿a ustedes qué tipo de cosas como estas suelen sucederles?

<En nuestra próxima edición>
¿Furor por las series coreanas con tintes telenovelescos?
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