La pandemia ha sido un tornado que nos agarró, nos dio vueltas, nos arrastró, nos puso de cabeza y ¡dos años después! parece estarnos dejando tocar tierra de nuevo.
Entre las tantas cosas que echó por los aires fueron las religiosas visitas al salón y aunque no haya (aún) un estudio que lo pruebe, los espejos NO mienten: nos hizo brotar (más) canas sin importar nuestra edad, porque de algún modo tenía que manifestarse tanto estrés.
En esta sacudida, algunas aprendieron a teñírselas en casa (razón por la que un 85% de mujeres lo hace según esta encuesta de conocida marca de tintes) gracias a algún tutorial en YouTube; otras lo intentaron y claudicaron ante el engorroso proceso, con toda la familia encerrada y sin verdadero tiempo o espacio propios. Otras de plano las dejamos crecer silvestremente y nos consolamos horneando pan de plátano.
Pero con los salones abiertos de nuevo o con la posibilidad de una visita a domicilio y el regreso a cierta cotidianidad de antes, muchas nos encontramos ante un gran dilema señorial…

Dejárselas como acto de rebeldía (otro)
“Ya se dejó”… Que suelte la primera piedra quien no haya pensado esto alguna vez al ver a una mujer canosa.Yo lo pensé. Hasta que los mechones blancos con los que conocí a mi abuela empezaron a aparecer en los costados de mi cabeza y sentí horror.
Me lo pinté muchas veces hasta que noté que si mi mamá se atrasaba en su cita del salón le aparecía una franja como de zorrito en la cabeza, lo que me pareció más “umiyación” que los mechones de mi abuela.
“Es que los hombres canosos se ven interesantes, las mujeres canosas solo se ven viejas”, es una de las tantas ideas machistas que nos machacaron, pero mejor podríamos pensar en el estilazo de unas canas brillantes, dignas y bien cuidadas. Unas canas aceptadas.
Mi pelo es sagrado. Desde hace unos años sigo religiosamente un método de cuidado específico para cabello rizado, porque además de las canas, me ha tocado aceptar que mi pelo no es lacio y estilizado como lo vi en tantas películas. Amanezco como león y hay días en los que se acomoda como quiere, pero a punta de ver imágenes y looks de hermosos y brillantes cabellos chinos, abracé el mío y hoy es mi marca de estilo. Ya ni siquiera me esmero por alisarlo para los grandes eventos, dejo que mis chinos sean… Al que no le gusten, que vea para otro lado.
Volviendo a las canas… Resulta que al blanquearse, el pelo se vuelve más delgado, pues las células de melanina que producen el color empiezan a morir con la edad. Quizá eso es lo que le da el aire de descuidado. Pero bastan unos buenos tratamientos y un estilista sin ideas arcaicas para encontrar el producto adecuado para hidratar y fortalecer la autoestima… Que diga: el cabello gris.
Más que dejarse, encontrarse
Que la pandemia sacudiera las religiosas visitas al salón hizo que quizá más de una nos diéramos cuenta que más que ir para “consentirnos”, íbamos en búsqueda de cumplir ese canon de belleza impuesto por otros, por cumplir con lo que se espera de nosotras: las mujeres maduras no se rinden al paso del tiempo. A fuerza de no ir, fuimos descubriendo esa belleza que también da la edad; la serenidad de saber que hay mucho más allá de un balayage o un planchado perfecto y soltamos las expectativas externas para abrazar las nuestras. Y se vale.
-Pitirijaz (Diane Keaton es mi pastora
Esperando al mechón plateado
Como muchas, me he arrancado una que otra cana. “Son tan pequeñitas ”, me he dicho al hacerlo. “Solo las dejaré cuando vea que tienen la intención de aparecer en mechón”, les he advertido.
[Confesión trivial: lo de soñar con un mechón gris plateado se lo debo a Susan Sontag, de quien por casualidad vi una foto en un periódico -sin saber que era una escritora famosa- y me pareció tremendamente audaz su forma de llevarlo.]
Como a muchas, la pandemia (y supongo que ya también la edad) me sacó más canas, pelos plateados. Propongo cancelar el uso de cana y canoso por tener tufo de boomer necio. Por otro lado, Pelo plateado o Pelo de plata serían buenos nombres de luchadora. O no, qué importa.
Quizá como a muchas, una cabellera plateada (¿ven cómo sí adquiere un aire distinto?) me hace pensar que sería más fácil teñírmelo completamente de rojo, de ese rojo encendido que he anhelado desde que Franka Potente corrió por las pantallas de cine en Run Lola Run.
Como a muchas, eso de teñírmelo en casa o ir a hacerlo a un salón con regularidad me resulta engorroso. Soy muy torpe en estos asuntos como para hacerlo yo sola (siempre que me pinto las uñas, me quedan todas salidas) y no me gusta ir al salón de belleza: me incomoda que el estilista me interrogue como si fuéramos amigxs o sentirme en la necesidad de hacerle la plática. No puedo con la idea de quedarme sentada horas en una silla con tanto barullo.
Como a muchas, veo a las celebridades que se han dejado las canas el pelo plateado y pienso “claro, se les ve bien porque casi que viven con alguien que se los cuida y peina”. Aunque en realidad eso aplica con cualquier tipo de corte o peinado que traigan.
Como muchas, lo mío es y seguirá siendo andar a la despeiné. Y después de toda esa sacudida pandémica he concluido que no seguiré esperando al mechón plateado ideal, aunque sí dejaré en paz a mis pelos plateados, como sea que se dignen a salir.
-Mon (Quiero el estilo de Linda Rodin, dejen a los 74, a los 50).
- No estás sola. Sin importar la edad, darle cabida y amor a las canas se ha vuelto toda una tendencia. Puedes encontrar mucha inspiración en Instagram bajo el hashtag #greyhair.
- Otra fuente de inspiración: este hermoso ensayo fotográfico del New Yorker.
“Creo que las mujeres están cansadas de la idea de que no es posible envejecer y ser bellas. Los hombres envejecen y seguimos adorándolos. Y quiero ser como un hombre en ese sentido: Quiero ser bella y no quiero to screw conmigo misma para serlo.” Andie MacDowell, en entrevista con The Zoe Report.
Cuenten: a ustedes, ¿cómo les fue/ha ido con esta ‘minucia’?
<En nuestra próxima edición>
Como cada quien es ama y señora de su cuerpo y estamos aquí para abrir conversación, tendremos una segunda parte de este tema desde la perspectiva: “Por qué sí volví a teñirme el pelo y cubrirme las canas”.
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