Minucias cotidianas que (nos) importan

Dosis #10: ¿Quién se robó mi motivación?

A raíz de nuestras dos entregas previas, muchas de ustedes nos escribieron contándonos sobre sus propias batallas con el cuerpo o que también pertenecen al club del mal dormir.

Sin duda, no estamos solas tratando de hacer las paces con un asunto y otro, y al parecer, ciertos residuos balsámicos van dejando los años porque coincidimos en la necesidad de vernos y tratarnos con más compasión en una situación u otra. Ya vamos de gane, creemos.

El texto que esta semana se echó Pitirijaz mezcla ambas cuestiones: el cuerpo y el sueño, para tejerlo con eso otro llamado motivación, que quizá, como nosotras, han visto tambalearse en las últimas semanas o meses. Ya nos contarán.

Las deudas del cuerpo

Así se llama uno de los libros de la saga Dos amigas, de la que somos fans y que para la entrega de esta semana, aplica bastante. 

Pasa que entre el efecto post-pandemia, post-covid y post-década de los 40, ya siento que el cuerpo me queda a deber.

Y no es reproche, bueno a veces sí, pero pues es que ¿qué onda? Yo era de las que se paraba a las 6 am para ir al gimnasio a tomar la clase de yoga más exprimidora y era capaz de mantenerme como un ser humano funcional hasta las 11 de la noche. ¿Y ahora? Ahora no logro abrir el ojo antes de las 7 am y a las 10 de la noche ya se me está estrellando el jet. 

También hay que reconocer que mis motivaciones para ejercitarme han ido cambiando conforme a mis décadas. A los 20, buscaba modificar el cuerpo: que si tus cuadritos, que si tus hombros marcados, que si los brazos de Evangeline Lilly en Lost A los 30, mi mayor motivación era que hacer ejercicio me garantizaba dormir perfectamente y de corrido mis -entonces necesarias- seis horas de sueño. 

¿Y ahora? Ahora no sé porque no logro levantarme, ya no se diga para ir a un gimnasio, ni siquiera para tomar mi clase de yoga (para pandas) en línea. 

En el “año cero” de la pandemia, me emocionaba hacer mi práctica sola, a mi ritmo y hasta mejoré bastante. Una de mis motivaciones eran las caminatas o salidas en bici antes de las 7 de la mañana, evitando todo tipo de contacto humano. Pero una vez superados esos factores, ¡me quedé sin nada! Ya no me interesa cambiar mi cuerpo porque pooooor fin abrazo y acepto mi barriga y mis brazos de colchoncito, y sobre dormir bien… Pues digamos que sueño ya es lo que sobra. 

PARÉNTESIS: Una vez entrevisté a Paquita la del barrio y en una de sus respuestas me dijo: “Ay, mija, si yo pudiera, ahorita más bien estaría dormida y no dando entrevistas”. Y pues, cuán certera y aplicable es esta frase hoy en día. Si yo pudiera, ahorita más bien estaría dormida y no con una interminable lista de pendientes enfrente. 

Entonces, ¿cómo le explico a este “cuerpo decadente” (como le decía Mumm-ra) que moverse le hace bien? ¿Cómo decidir lo correcto en ese momento decisivo al que me enfrento diariamente al sonar el despertador?: A) apagar la alarma y darme la vuelta o B) pararme, ponerme los tenis y salir a sudar un poco. 

No levantarme me deja con un remordimiento que arrastro todo el día, toda la semana y que sé que poco a poco irá apagándome la creatividad. Pero ese remordimiento es irrelevante cuando la deliciosa cama y la gata ronroneante me abrazan para seguir durmiendo. 

Eso sí, agradezco al universo que este sea mi gran dilema matutino y no algo más serio, pero eso no me impide seguir reprochándome que no me levante a moverme un poco. 

Sin embargo, en un inesperado giro de los hechos, debo confesar que esta semana ¡lo he logrado! Ya sea porque tenía este texto pendiente y no quería terminarlo en la desesperanza o que por fin los astros avanzaron y le dieron chance a este cuerpo necio de sentir energía y sobre todo, a que finalmente logré inscribirme en esa alberca que me hizo ojitos desde hace 11 años y que parecía un sueño imposible. 

Por supuesto, lo mejor es siempre tratarnos con compasión, como nos trataría la persona que más nos quiere en este mundo (que en teoría deberíamos ser nosotras mismas) y darnos chance. El bienestar también implica reconocer qué necesitamos en el momento que estamos transitando y dárnoslo. Además, claro, de echarnos porras unas a otras a partir de esos pequeños logros. ¡Vamos, señoras, a mover ese cuerpecito! 

-Pitirijaz

Sentimos que esta viñeta de Valérie Minelli viene muy al caso…


Descubre más desde Entre señoras

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario